Histo(e)rias
Tratando de buscar un buen regalo para el día de las madres me tope con un regalo que se me hizo algo original, una planta llamada Lucky Bamboo, el cual al darselo a mi madre note que traía un insecto algo fuera de lo común al que llamare Kukara, como siempre mi imaginación traviesa empezó a volar y volar y se me vinieron muchas ideas acerca de un cuento, pero al saturarme de estas me di cuenta de que podía no escribir uno sino varios cuentos de la idea principal. es así como se desprende el primero de los varios cuentos que voy a hacer, decidi llamarlo Tokyo bamboo porque pues me gusto y nada más, más adelante y conforme mi cerebro y mis ganas de escribir me lo permitan ire poniendo los demás cuentos. en donde apareceran las historias de los demás personajes de este primer cuento, (incluyendo la Kukara).
Tokyo Bamboo
Tokio es una ciudad muy extraña, al menos para los occidentales, y aun mas para un naco luchador como lo soy yo, que no había pasado de luchar en la arena Naucalpan, un día que decidí probar fortuna y buscar chamba me anime a irme de mojado, pero pos no al otro lado, buen si al otro lado pero del mundo, un amigo mío que ya tenia experiencia en los viajes al Japón me dijo como estaba todo el biznes, me dijo consíguete una mascara original de un luchador mas o menos reconocido y con eso te la rifas en la tierra del sushi,, eso si llévate tus chiles verdes porque los vas a extrañar. Pues con una lanita que tenia guardada para casarme con la Rosita, emprendí mi viaje hacia el oriente prometiéndole ganar muchos dólares pa’ poder casarnos como dios manda, el día que le di la noticia Rosita chillo mas de una hora a moco tendido, pobrecita me quiere un chingo.
Al llegar al aeropuerto de Narita, me tope con una chala que hablaba español y la muy idiota me pregunta ¿tu no eres de aquí verdad?, y yo ah no mames que observadores me salieron los ojos de rendija, No mamacita no soy de aquí, ¿que se me nota mucho?, ¿es por mi cara de Dios azteca que me cargo o por mi playera de la selección nacional que te diste cuenta? Eso de que los japoneses son muy inteligentes me estaba pareciendo un cuento chino, pero al menos esta bien sabrosa la mendiga, seguimos platicando y resulto que rentaba un cuarto a turistas, ah pos que chido pensé yo, para suerte mía lo rentaba barato, todo parecía ir de maravilla, así al vivir con ella iba a tener mas oportunidad de conocerla y pues quien quite y hasta algo se daba entre nosotros, un intercambio multicultural o ¿que tal un intercambio de fluidos?, la verdad ese intercambio me latía mas.
Al pasar los días conseguí lo que sería mi primera y ultima lucha en el país del sol naciente, ah que fregón me sentí al decir eso, me sentí casi que como el Dr. Alfonso Morales, en una de sus transmisiones sabatinas de lucha. Como decía mi primera y última lucha ya que un maldito luchador japonés me fracturo la rodilla, pinché lugar extraño, ¿pos que los pinches japoneses no saben que la lucha es de a mentis?, valiendo madre y llamando al Santo, pues me tuve que regresar a México a recuperarme y pues a cumplirle a la Rosita, ¡pinché Rosita me quiere un chingo!, pero antes de regresar a mi patria me merendé a la japonesita, por cierto se llamaba Ai, “ai no mames”, como diría capulina “ a pa’ nombrecito”. Por fin iba a despejar la duda que tenía acerca de los órganos sexuales de las mujeres orientales, bien recuerdo que de niño mi abuelo me decía que las chinas tenían la vágina horizontal en vez de tenerla vertical como las de mi pueblo. Al desvestir a mi oyuki personal, me di cuenta de que no era cierto y que también la tenían vertical, claro que cuando vi su cuerpecito amarillo en muy buena forma por cierto todo lo demás me valió madres.
Me desperté como a las 8 de la mañana y Ai, ya estaba de pie y había preparado café, ese mismo día me regresaba a México y la culpa me invadió, Rosita tan lejos y queriéndome un chingo y yo gozándola con la japonesa, así que decidí llevarle un recuerdito de Japón (como si esto aligerara mi culpa), al terminar mi desayuno camine unas cuantas cuadras y encontré un mercadito japonés, al ir caminando por los puestos vi muchas cosas que me llamaron la atención pero de las cuales no sabia absolutamente nada ni que eran ni pa que servían, al final del mercadito estaba una anciana que vendía flores, plantas, y árboles enanos, algo muy típico de Japón, al revisar su mercancía me di cuenta de que vendía una planta en una pequeña base de cristal, y tenía una tarjetita en ingles que decía Lucky Bamboo, y me acorde de las pocas palabras de ingles que había aprendido en la secundaria, Lucky pensé yo tiene algo que ver con la suerte y pues bamboo supuse que tenía que ver pues con un bambú. asi que la compre pa ver si nos traía suerte a mi y a mi Rosita ( ¡ah pinche Rosita me quiere un chingo!).
Ahí como dios me dio a entender le dije a la anciana que quería uno, saque mi dinero, y pague lo que costaba la plantita chistosa esa, por cierto que lugar tan extraño, las monedas japonesas tienen hoyos, ¿pa que? Quien sabe, pero tienen hoyos.
Esa misma noche salí para México, con una rodilla fracturada, una experiencia sexual interracial, muy poco dinero, un bambú de la suerte, y con muchas ganas de ver a Rosita.
Después de 35 horas de viaje, cambios de horario y demás por fin llegue a suelo mexicano, hasta ganas me daban de chillar cuando iba llegando al aeropuerto de la ciudad de México, la mera verdad si chille ¿y que? Ni lo grandote, ni lo rudo me quita lo sentimental. Que me viera mi maestro de lucha libre “el Satánico” me madrea por chillón.
Lo primero que hice fue tragarme unos tacos de suadero con harta salsita verde y mi coca de dieta, eso si sin cebolla porque tenia que ver a mi Rosita, y ni modo de llegar a darle un beso con el cebollazo bien puesto. Ora si a ver a mi vieja, al llegar a su casa lo primerito que hice fue acordarme del bambú que le había traído lo revise para ver si todo estaba en orden, y al revisarlo bien me di cuenta de que un insecto muy extraño y bastante feo se estaba tragando las raíces, ah no ni madres el bambú de mi Rosita nadie se lo traga cabrón así que agarre al insecto feo ese, lo tire al piso e intente aplastarlo, digo intente porque no le hizo ni cosquillas mi pisotón al insecto, pensé será una cucaracha japonesa? Con eso de que las cucarachas pueden sobrevivir hasta guerras nucleares, pisotón tras pisotón la kukara (desde aquí en adelante le llamaremos así, ¿apoco el uso de la “k” no le da un toque mas japones?) resistía estoica los embates de mi converse, hasta que pudo escapar la desgraciada.
Toque la puerta y salió mi Rosita en ropa muy sexy, ajua supongo que ya me estaba esperando con los brazos abiertos, pero que yo recuerde no le había avisado, me sorprendió su cara de sorprendida, y me dijo ¿qué haces aquí Ramón?, a lo que raudo y veloz le conteste pues me canse de viajar y regrese a verte mi amor, su cara de sorpresa no se le quitaba y del interior de su casa una voz gritaba ¡ Rosita vente mamacita no me dejes todo prendido, si vas a calentar el agua metete a bañar!, inmediatamente reconocí la voz, era el pinche Filemón, no mames , la pinche Rosita me engañaba con Filemón el que vendía los refrescos en la arena, tire el bambú entre a madrear al vendedor de chescos y pues con mi rodilla fracturada me puso una madriza bien gacha, a partir de ahí perdí mi honor de hombre y mi honor de luchador.
Después de que se enteraron de que un vendedor de refrescos me había madreado no conseguí chamba de luchador, aunque me pusiera diferentes mascaras, mi tatuaje de “TE AMO ROSITA” me delataba, ¡Pinche Rosita como me pudo hacer eso, ella que me quería un chingo!...
Fin de la primera parte.
Tokyo Bamboo
Tokio es una ciudad muy extraña, al menos para los occidentales, y aun mas para un naco luchador como lo soy yo, que no había pasado de luchar en la arena Naucalpan, un día que decidí probar fortuna y buscar chamba me anime a irme de mojado, pero pos no al otro lado, buen si al otro lado pero del mundo, un amigo mío que ya tenia experiencia en los viajes al Japón me dijo como estaba todo el biznes, me dijo consíguete una mascara original de un luchador mas o menos reconocido y con eso te la rifas en la tierra del sushi,, eso si llévate tus chiles verdes porque los vas a extrañar. Pues con una lanita que tenia guardada para casarme con la Rosita, emprendí mi viaje hacia el oriente prometiéndole ganar muchos dólares pa’ poder casarnos como dios manda, el día que le di la noticia Rosita chillo mas de una hora a moco tendido, pobrecita me quiere un chingo.
Al llegar al aeropuerto de Narita, me tope con una chala que hablaba español y la muy idiota me pregunta ¿tu no eres de aquí verdad?, y yo ah no mames que observadores me salieron los ojos de rendija, No mamacita no soy de aquí, ¿que se me nota mucho?, ¿es por mi cara de Dios azteca que me cargo o por mi playera de la selección nacional que te diste cuenta? Eso de que los japoneses son muy inteligentes me estaba pareciendo un cuento chino, pero al menos esta bien sabrosa la mendiga, seguimos platicando y resulto que rentaba un cuarto a turistas, ah pos que chido pensé yo, para suerte mía lo rentaba barato, todo parecía ir de maravilla, así al vivir con ella iba a tener mas oportunidad de conocerla y pues quien quite y hasta algo se daba entre nosotros, un intercambio multicultural o ¿que tal un intercambio de fluidos?, la verdad ese intercambio me latía mas.
Al pasar los días conseguí lo que sería mi primera y ultima lucha en el país del sol naciente, ah que fregón me sentí al decir eso, me sentí casi que como el Dr. Alfonso Morales, en una de sus transmisiones sabatinas de lucha. Como decía mi primera y última lucha ya que un maldito luchador japonés me fracturo la rodilla, pinché lugar extraño, ¿pos que los pinches japoneses no saben que la lucha es de a mentis?, valiendo madre y llamando al Santo, pues me tuve que regresar a México a recuperarme y pues a cumplirle a la Rosita, ¡pinché Rosita me quiere un chingo!, pero antes de regresar a mi patria me merendé a la japonesita, por cierto se llamaba Ai, “ai no mames”, como diría capulina “ a pa’ nombrecito”. Por fin iba a despejar la duda que tenía acerca de los órganos sexuales de las mujeres orientales, bien recuerdo que de niño mi abuelo me decía que las chinas tenían la vágina horizontal en vez de tenerla vertical como las de mi pueblo. Al desvestir a mi oyuki personal, me di cuenta de que no era cierto y que también la tenían vertical, claro que cuando vi su cuerpecito amarillo en muy buena forma por cierto todo lo demás me valió madres.
Me desperté como a las 8 de la mañana y Ai, ya estaba de pie y había preparado café, ese mismo día me regresaba a México y la culpa me invadió, Rosita tan lejos y queriéndome un chingo y yo gozándola con la japonesa, así que decidí llevarle un recuerdito de Japón (como si esto aligerara mi culpa), al terminar mi desayuno camine unas cuantas cuadras y encontré un mercadito japonés, al ir caminando por los puestos vi muchas cosas que me llamaron la atención pero de las cuales no sabia absolutamente nada ni que eran ni pa que servían, al final del mercadito estaba una anciana que vendía flores, plantas, y árboles enanos, algo muy típico de Japón, al revisar su mercancía me di cuenta de que vendía una planta en una pequeña base de cristal, y tenía una tarjetita en ingles que decía Lucky Bamboo, y me acorde de las pocas palabras de ingles que había aprendido en la secundaria, Lucky pensé yo tiene algo que ver con la suerte y pues bamboo supuse que tenía que ver pues con un bambú. asi que la compre pa ver si nos traía suerte a mi y a mi Rosita ( ¡ah pinche Rosita me quiere un chingo!).
Ahí como dios me dio a entender le dije a la anciana que quería uno, saque mi dinero, y pague lo que costaba la plantita chistosa esa, por cierto que lugar tan extraño, las monedas japonesas tienen hoyos, ¿pa que? Quien sabe, pero tienen hoyos.
Esa misma noche salí para México, con una rodilla fracturada, una experiencia sexual interracial, muy poco dinero, un bambú de la suerte, y con muchas ganas de ver a Rosita.
Después de 35 horas de viaje, cambios de horario y demás por fin llegue a suelo mexicano, hasta ganas me daban de chillar cuando iba llegando al aeropuerto de la ciudad de México, la mera verdad si chille ¿y que? Ni lo grandote, ni lo rudo me quita lo sentimental. Que me viera mi maestro de lucha libre “el Satánico” me madrea por chillón.
Lo primero que hice fue tragarme unos tacos de suadero con harta salsita verde y mi coca de dieta, eso si sin cebolla porque tenia que ver a mi Rosita, y ni modo de llegar a darle un beso con el cebollazo bien puesto. Ora si a ver a mi vieja, al llegar a su casa lo primerito que hice fue acordarme del bambú que le había traído lo revise para ver si todo estaba en orden, y al revisarlo bien me di cuenta de que un insecto muy extraño y bastante feo se estaba tragando las raíces, ah no ni madres el bambú de mi Rosita nadie se lo traga cabrón así que agarre al insecto feo ese, lo tire al piso e intente aplastarlo, digo intente porque no le hizo ni cosquillas mi pisotón al insecto, pensé será una cucaracha japonesa? Con eso de que las cucarachas pueden sobrevivir hasta guerras nucleares, pisotón tras pisotón la kukara (desde aquí en adelante le llamaremos así, ¿apoco el uso de la “k” no le da un toque mas japones?) resistía estoica los embates de mi converse, hasta que pudo escapar la desgraciada.
Toque la puerta y salió mi Rosita en ropa muy sexy, ajua supongo que ya me estaba esperando con los brazos abiertos, pero que yo recuerde no le había avisado, me sorprendió su cara de sorprendida, y me dijo ¿qué haces aquí Ramón?, a lo que raudo y veloz le conteste pues me canse de viajar y regrese a verte mi amor, su cara de sorpresa no se le quitaba y del interior de su casa una voz gritaba ¡ Rosita vente mamacita no me dejes todo prendido, si vas a calentar el agua metete a bañar!, inmediatamente reconocí la voz, era el pinche Filemón, no mames , la pinche Rosita me engañaba con Filemón el que vendía los refrescos en la arena, tire el bambú entre a madrear al vendedor de chescos y pues con mi rodilla fracturada me puso una madriza bien gacha, a partir de ahí perdí mi honor de hombre y mi honor de luchador.
Después de que se enteraron de que un vendedor de refrescos me había madreado no conseguí chamba de luchador, aunque me pusiera diferentes mascaras, mi tatuaje de “TE AMO ROSITA” me delataba, ¡Pinche Rosita como me pudo hacer eso, ella que me quería un chingo!...
Fin de la primera parte.


12 Comments:
Hola Iván! Gracias por pasar por mi blog. Te cuento que me encanta México y anduve por allí el año pasado. Sigamos en contacto,
Saludos buenosaires!
Karina
con rosita me acorde de alguien, hasta que resultó que ella le ponia los cuernos, tons ya no puede ser ella...o si¡?
Es una ciudad tan extraña que no siempre se escribe igual. Las monedas tienen hoyos pa’ poder ponértelas de collar. Converse con c grandota occidental. Comentario 1: Lineal. Comentario 2: Predecible. Comentario 3: Falta detalle. Como siempre mis comentarios son netamente negativos. Porque así me gusta ser.
Pus a mi me gusto un chingo, me hiciste pasar un rato , je je je divertido.
Tambien quiero ser luchador. RUDO RUDO RUDO
No me habia dado cuenta q no habia puesto comment como era eso posible!!!... pues je ta muy padre tus cuentos fantasmagoricos, estere esperando la segunda parte
mas, mas y mas. se estanco este blog.
Ah que Rosita lo bueno es que te queria, pero sabes dile que mejor te haga una sopa de verdurasS!!!
Jajajaja Excelente historia la de Rosita la zanchadora! jajajaja, pero eso lo pasa por andar poniendole con Japonesas!!
Chida historia Ivan!!
Hola Ivancito, pues la vdd, como ya te había comentado... me hiciste pasar un rato muy padre, casi que desecho los líquidos acumulados durante esta mañana en 5 minutos de lectura... jajaja ademas que me vinieron a ver para saber k me pasaba... jajaja sigue escribiendo, espero la segunda parte cuidese...
Bsos
jeje, no ps muy chido te cuento, oye pero tengo una duda, nunk mas volviste a ver a la rosita? te pidio perdon o algo asi? le darias una segunda oportunidad? apurate con esa segunda parte por que la neta a mi si me dejaste intrigada, ay ivan, me recordo tanto a algo llamado laurie jajaja, pero ps pinche ivan me keria un shingo, jeje
Ivan: 1a vez que ando por aqui, y es una agradable sorpresa encontrarme con un paisano que tiene el finisimo don de la escritura.......vaya para usted mis mas sinceras felicitaciones, y espero seguir disfrutando de la lectura de sus amenos articulos atte. una proxima asidua lectora de ud (si Rosita me kiere un chingo)
Really amazing! Useful information. All the best.
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